DESVÍO
Por Antonio Baeza H
Sí, ella se había acogido a la ley, aunque había pensado lo contrario aquella tarde en que contempló al Buda por tres horas y luego fue a recoger las tablas de un estante que se desarmó de tanto guardar a la fuerza sus cajas llenas de boletas de servicios básicos de la casa del vecino, a quien amaba a muerte. Su idea era escribirle cartas de amor anónimas en los espacios disponibles junto a la información de los documentos. Amar a muerte, al parecer, no era suficiente, porque se puso a escribir su diario de vida en las cuentas, las de al lado y las propias. La dispersión pudo más. Además, el vecino , el otro día, fue al baño y dejó la puerta abierta, pudriendo toda la cuadra y matando un par de flores, justo las que quería regalarle al Buda el día siguiente. Mal día para no creer en el cambio climático.






