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martes, 17 de marzo de 2026

Sobre "Maestre Deis Trobador" de Gastón Gómez

SOBRE "MAESTRE DEIS TROBADOR" DE GASTÓN GÓMEZ

Se trata de un libro de ensayo surgido de la investigación de postgrado que realizó el escritor bestia y trovador Gastón Gómez acerca de dos momentos de la figura del trovador como agente artístico. 

En específico, se trata de dos medioevos: 1) el clásico, específicamente la Baja Edad Media, desde el siglo X hasta el XIII, tanto en la región occitana como en Inglaterra, a ambos lados del Canal de la Mancha; y 2) la época actual en Chile, post-transición a la democracia, una democracia a medias. En ambos contextos, floreció el trovador como fabricante de canciones, ya sea como crítica, como sátira o como homenaje a la nada, al ocio, a poder observar las nubes desde un prado mientras se improvisa un bello arpegio. 

Para la primera época mencionada, Gómez analiza trovas selectas de Guillermo X de Aquitania, Gilhaum de Bornelh, Comtessa de Dia, Raimbaud de Vaqueiras y el mismísimo rey Ricardo I de Inglaterra, conocido como "Corazón de León". Para la actualidad, su observación se centra en la figura de Tata Barahona, cantor popular y trovador de nuestra época, de importante contenido político en sus líricas pero que también trata, de modo muy profundo, otras temáticas como el amor, la tragedia, la ternura y, por cierto, la cultura popular. Dado que comparten el mismo espacio-tiempo, así como el oficio de cantautores y trovadores y, por cierto, una entrañable amistad de años, fue posible que Gastón entrevistara al Tata Barahona. El texto transcrito de ese diálogo es una joya de crónica sobre el canto y sobre la época, con tonos muy sensibles. El libro cierra con ese documento. 

El libro tiene tapas duras, como las enciclopedias antiguas, las tesis o ciertas ediciones clásicas de Borges. Es un homenaje a un pasado análogo, a distintos niveles de ayeres. Su lanzamiento tiene lugar el 02 de abril de 2026 en el Teatro Municipal de Puente Alto. 



martes, 5 de marzo de 2019

Alegórica

ALEGÓRICA

Antonio Baeza Henríquez, E. B.



Se extiende una línea desde el centro de un círculo hacia un descampado blanco situado hacia el norte, un norte claramente arbitrario que debe permanecer así debido a la imposibilidad práctica de predecir la orientación espacial de una hoja de papel física o imaginaria que intente hacer boceto de lo aquí expresado.

Comienza esto nuevamente.


Puentes sobre el mar de aceite

Se extiende una línea desde el centro de un círculo hacia un descampado blanco situado hacia un arbitrario norte. Mediante dos pasos niveles, dos carreteras de sentido cruzan por debajo de la línea antes nombrada desde el oeste respecto a tal norte arbitrario. Su curva hacia la izquierda -hacia la derecha, desde la perspectiva de su propio avance, cual si fuera tren con maquinista- la redirige hacia mis ojos. Mi pupila es la entrada a este túnel infinito que recorre mis entrañas y que, si bien tiene salidas, pocas señalizaciones ostenta en su estado actual de desarrollo. Las carreteras, alejándose de mis ojos, van girándose hacia allá en torno a su eje longitudinal, aquel que parte a cada una en dos caminos más delgados de igual distancia recorrida. Si hago zoom, veo que tales carreteras luego se enredan en una densa maraña que va formando una ciudad con forma irregular, muy similar a un rollo de película fuera de su carrete o a un papel higiénico asaltado por un gato. Bajo las líneas iniciales y estas carreteras, un mar de azul aceitoso, opaco y gelatinoso, deja ver esferas color rosa flotando como boyas sobre él. Estas boyas delimitan, quizás, dos o más dominios que, al necesitar límite, implican el encapsulamiento de un conflicto que, de desatarse, destriparía a cuánto ser consciente no recorra sin precaución ni prudencia los laberintos formados por los hilos de estas boyas.


La colina del quiebre del espacio

Hacia la derecha de mi visión -de hecho, debo girar mi cuello para configurar esta escena- brilla con ácida luz blanca el abrupto fin del mar en una recta que da paso a una colina plana de blanco inmaculado que es una nada con pendiente, una inexistencia en la cual podemos resbalarnos, un tobogán que, a primera vista, nos lleva a un refrescante -y viscoso- piquero en las aguas lentas. Veo un viajero tirándose. Mis ojos se equivocaron. Poco antes de llegar al agua, el arrojado sujeto se ha desintegrado. Vi su sangre teñir el agua y la colina blanca. Ambas facciones físicas de la distorsión fueron pintadas por un rojo incluso más intenso que el de la sangre común. Me atrevería a decir que se trata del verdadero y oficial color rojo, la frecuencia más baja del espectro visible para nuestros limitados y soberbios ojos. Algo del tiempo-espacio-realidad-existencia se quiebra inevitablemente y sin duda en aquel límite donde yacen los granos del finado. No encuentran mis ojos forma alguna de enfocar esa zona sin que alguna de sus partes se vea borrosa. Se ve como una geometría imposible de captar y procesar íntegramente con el estado actual de la visión binocular humana. Tendré que inventar una forma de ir a recorrer por allá sin morir, ojalá.


El jardín de timbres que nace de la sangre

De la sangre no brota desazón sino que flores multicolores. Es impresionante lo fácil que resulta escribir "flores" y enseguida "multicolores", dada la rima que sugiere encadenamiento de sentidos. Veo que voy tejiendo un mapa; no es más que cartografía esto de la escritura descriptiva. Hace años que abandoné las ideas constructivistas; con todo lo que he hablado y escrito, varios universos ya deberían estar disponibles para los desposeídos y suficiente cáñamo habría para disfrutar, sin escasez. Precisamente, este jardín de flores nacidas de la sangre de una violenta muerte -¿violenta?- no es creado por mí sino que aparece ya existente ante mi débil experiencia, aquella que está arrojada en un prado esperando el tiempo preciso para volver a ponerse de pie. Mi rostro quiere oler tales flores y, para eso, extiendo de a poco mi cuello y me enredo bajo la línea inicial que nació del círculo matriz. Doy caprichosas vueltas a las carreteras que se dirigen hacia la maraña. Giro a la derecha y mi rostro llega a la escena. El cuerpo de este esquiador -ahora, de cerca, veo que es esquiador- está dividido en pedazos de tamaño similar. Parece un jarrón quebrado, inmediatamente congelado en esta nieve que, a propósito, no es nieve sino nada. Mi cara, de hecho, se escarcha en la nada a partir de que en esa nada tampoco hay calor. Ni frio ¿O el frío es la ausencia de calor simplemente y por tanto no existe a pesar de ser nombrado? ¿Puede acaso no existir lo nombrado? Hay frío en esta nada, aunque quizás el frío viene del origen de este cuerpo muerto. Huelo las flores, que presentan formas tan variadas en sus pétalos como triángulos, óvalos, formas tradicionales de pétalos, ramas fractalizadas y diamantes de naipe. Presentan una fragancia común que es mezcla de las particulares y cuyo crisol es visible en el aire: Timbres brotan de los pétalos y de las hojas altas de los tallos. Esos timbres chocan entre ellos y se deshacen dando lugar a alambres muy delgados e incoloros que caen al blanco de la nada a desaparecer. La pared de esta nada, lienzo de la sangre y base terrosa de las flores, parece existir sólo para mis oídos y mis ojos, pues toco y toco y sólo vacío siento. Mi cara está encima de las flores y los timbres secretados por ellas me besan. Colisionan con mi cara y la tiñen de sensaciones que podría resumir como "dulces" y "quemantes". En un ánimo juguetón, he soplado los timbres. Repentina y violentamente, dos planos se disgregan en donde yo estoy. Uno de ellos se lleva mi cabeza a una velocidad cercana de la luz. Tanta fue la rapidez que el grito de mi miedo aún se quedó en esa escena que ahora está tan lejos de mis narices.


El andamio 

Mi cabeza ha amanecido en una jungla muy húmeda que muestra longaniza colgando de distintas vigas dispuestas formando equis y repitiéndose en distintos niveles hacia arriba en un andamio construido quizás para dibujar la obra que es posible mirar desde mi posición y que se encuentra aún en proceso en un techo de hoja de bloc y colores materializados en acuarela. Huelo las longanizas y busco algún sartén en esta escena, pues quisiera freír esos embutidos en el aceite verdoso que veo brotar de hojas pequeñas dispuestas como cerco de ligustrina formando un corral hexagonal que me encierra a mí, a dos ciervos rayados con spray y a un policía polaco sin brazos ni piernas que llora mientras aspira con su nariz los restos de barras de tiza que yacen junto a un inmenso pizarrón de escuela de campo que cuelga de una de las aristas del andamio y que, por cierto, también da cobijo en su travesaño superior a algunas longanizas. Cuando me tomo la cara, percibo que su consistencia se ha vuelto similar a la de la plasticina. Me he sacado un pedazo de mejilla y he moldeado un cigarro que he prendido con el fuego salido de la pistola que ha asesinado al policía polaco y que flota cual si algún ser invisible hubiera acudido a la solicitud de piedad del personaje amargado. Le he pedido a los dos ciervos que se ubiquen cada uno a mi lado. Tomé el cuerpo del difunto policía sin extremidades y lo llevé junto a mí al centro geométrico de la base de los andamios. Un escudo de una nación inexistente, ya derrotada por los crueles imperios del lado infernal de la imaginación, se constituye por la imagen de mi cuerpo de plasticina que cuenta con 37 brazos moldeados con los que abrazo hasta engullir, cual fagocitosis, el ya relajado y siempre digno cadáver de este otrora guardián de la ley que probablemente llegó a este lugar investigando la muerte del esquiador. Los ciervos se han posado fotogénicamente. La pistola se ha evaporado; de las pocas gotas que se condensan y caen ha brotado una flor de cala de cuyos pistilos salen cuellos y cabezas de gansos que comienzan a entonar canciones que van agregando miel como revestimiento de los palos del gran andamio.




sábado, 26 de enero de 2019

El Templo del Parque

EL TEMPLO DEL PARQUE

Antonio Baeza Henríquez, E. B. 



Proyéctese construir un templo en la magna Villarrica que resultará -sobreponiéndose a la crueldad de los procesos de degradación histórica- de la inminente urbanización que convertirá predios en villas, cabañas en torres y bosques en parques.

El templo ha de tener un techo cuadrado en pirámide, construido de tejas, sostenido sobre cuatro pilares gruesos de madera que han de estar empalados formando un cuadrado perfecto de 25 metros en la medida de su lado. Su base es un jardín de flores bajas; se ha de procurar que la altura mayor no supere los 10 centímetros respecto al nivel de la tierra. El pasto es su superficie predeterminada; dibujados entre pasillos de prado florecerán los bajos y variados colores de sus jardines. 

Los pasillos de pasto recorren las aristas exteriores del cuadrado y las dos diagonales. En el centro, un pasillo con forma de anillo encierra el jardín central, pérgola cuyo núcleo es una maqueta a escala del mismo templo que contiene, bajo su pequeño techo, un prisma piramidal que indica y simboliza la replicación de otros templos a escala hacia lo ínfimo. A mitad de camino por cada diagonal hacia el jardín central, un círculo de pasto recibirá a meditabundos y cansados. Cuatro caminos diagonales hacia el centro; cuatro círculos de pasto.

Allí, guareciéndose del sol y de la lluvia, la contemplación contará con una sede en el profano paraíso. Erigir este templo será bueno si ocurre ello en la colina que baja desde el sector Los Volcanes hacia la carretera que va a Pucón bordeando el lago Villarrica o Mayolafkén; necesario será, además, que tal colina sea área verde enriquecida y llamada Parque del Templo, al mismo tiempo en que el templo tendrá el nombre de Templo del Parque.

Disponer de dieciséis artistas marciales que cuiden el templo, con grupos de cuatro que se posicionen ocupando las esquinas, con turnos de seis horas cada cuadrilla. Que se les pague bien y se les salude con amable reverencia siempre, sin excepción.

sábado, 6 de mayo de 2017

Buscando Sombras en la Hoguera

BUSCANDO SOMBRAS EN LA HOGUERA

Gastón Gómez, E. B. (2015). Publicado originalmente para la página esradio.cl



Se me ofreció la responsable -hago hincapié en el adjetivo- tarea de escribir un artículo. La sugerencia es amplia si se trata de escribir a diestra y siniestra sin un norte claro, como comúnmente se hace en esta neblina de paisaje llamada “Chile”. Por supuesto acepté. Un primer artículo: ¿que diga qué?, ¿que nuestro país está mal?, ¿que las guerras nos inundan?, ¿que la cultura acá es financiada por y para castas de estatus que NO necesariamente lo necesitan?, ¿que el obrero promedio chileno de 24 horas trabaja 14, almuerza en 1, y el resto las debe administrar sagrada y mágicamente en su familia, quehaceres domésticos, dormir, comer, cagar, follar y crear (si es que el tiempo, “esa condición irreversible y unidireccional” como dice Borges, lo permite)?, ¿que vamos de mal en peor?

Sin duda alguna todo lo anteriormente dicho es irrefutable, más me interesa centrar este breve análisis en LA posibilidad de sombra y frescura que nos podemos permitir en una hoguera como esta. Cuando un bosque es incinerado a propósito por manos nefastas humanas de inmediato lo primero que pensamos es en apagar semejante incendio, a ratos queriendo tapar el sol con un dedo, en lo posible meñique y de guagua. Vivimos en una ensoñación que más que sueño, en todo momento se torna pesadilla. Lemebel bien lo dice en su cuento Chile Mar y Cueca: “Una chilenidad chorreada en el almíbar de abeja, que se etiqueta como ‘dulce patria’ o mermelada nacional” Nuestra generación actual aún sufre los síntomas de la dictadura. Aún existen “jóvenes” que avalan y defienden los ideales corruptos e infames que llevó a nuestra “dulce patria” a lo que hoy en día es: una hoguera en donde miles de asfixiados buscamos sombra. Jóvenes con edad de ellos pero con una mentalidad de anciano no sabio, olvidadizo, con Alzheimer autoinducido. Efectivamente ese es el germen que a tanto cogeneracional afecta: una abrupta pérdida voluntaria de memoria. Una real idiotez, refiriéndonos a la etimología de la palabra “idiota” que deriva del griego “idiotes” y que se refiere a las personas que no se preocupa de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. El prefijo “idio” hace referencia a lo propio. ¿Idio-ma?, ¿idio-sincracia?, ¿Ideo-logía?, ¿Iden-tidad?, ¿las tenemos?, en Chile ¿tenemos algo propio, siendo que las transnacionales gringas y europeas, las famosas 7 familias, y el criollo aburguesado nos vacunó con la bacteria asesina del capitalismo exacerbado, este?

No todo el balance es majadero ni mucho menos negativo. Todo lo contrario. Lo que nuestra actual generación sí tiene de sobra- y esto lo escribo con suma responsabilidad- es la capacidad receptiva y crítica de darnos cuenta de nuestras propias carencias. Esa capacidad de autocrítica que a nuestros padres y abuelos a ratos tanta falta les hizo. Todo esto sazonado con los aliños únicos que nace de las fauces de la juventud: valentía y rebeldía. Y soy optimista al pensar que en eso estamos, buscando la más aliviante sombra dentro de una hoguera infernal, acurrucándonos bajo El árbol que nos puede ofrendar el mejor de los regazos: el árbol del amor.

Así es estimad(a) lector(a). Si todos nuestros actos lo ejecutáramos con la cuota mínima de amor que nuestro país y el mundo, en su dimensión global, necesita, créanme echaríamos raíces firmes y crecerían más árboles de esos que necesitamos, como alguna vez crecieron fértiles y milenarios en mis tierras, Concepción, VIII región del Bio-Bío, al punto de crear desapercibidos y conscientes un bosque que haya consumido está hoguera que, viéndola desde un punto de vista radical, no es más que un cúmulo incómodo de cenizas débiles que se niegan a morir.

Chile apagará esta hoguera, de lo contrario, arderemos a lo bonzo en ella.

Amor es acción, palabras son palabras

Hesicasmo

HESICASMO

Gastón Gómez, E. B. (2016). Publicado originalmente para la página esradio.cl


Leía artículos sobre escritores, ascetas, hermitaños, anacoretas y solitarios, y me encontré con Evagrio Póntico apodado- valga la redundancia- “El Solitario”. Evagrio fue un monje cristiano (nacido en Ibora, provincia romana del Ponto) que vivió desde el año 345 hasta el 399 D.C. y que, en resumen, practicaba el hesicasmo (del griego; en escritura politónica: ἡσυχασμός/hēsykhasmós, derivado de ἡσυχία/hēsykhía, “quietud, silencio, paz interior”), doctrina ascética que promueve la búsqueda de paz interior en unión mística con Dios y armonía con la creación. Las tres características fundamentales del hesicasmo son: la soledad, como medio de huir del mundo; el silencio, para obtener la revelación del futuro y del mundo ultraterreno; y la quietud, para conseguir el control de los pensamientos, la ausencia de preocupaciones y la sobriedad. A raíz de esto nacen breves reflexiones que también llamo poesías:


Soledad, como medio de huir del mundo

Aun no comprendo la relación entre solitario y fuga (llamémosle al “huir del mundo”). Una persona que busca la paz interior ¿necesita huir del mundo? Supongamos que sí. La opción más rápida es el suicidio, pero el gran “pero” para un monje como Evagrio es que este supo, a través de la lectura (¡bendita lectura!) que los cristianos suicidas se van directamente al infierno- blasfemar contra la voluntad de Dios es un pasaje directo a aquello. Cuatro insignes ejemplos son Saúl (1ª Samuel 31:4), Ahitofel (2ª Samuel 17:23), Zimri (1ª Reyes 16:18), y Judas (Mateo 27:5)-. Ahora, ¿en el infierno podemos encontrar paz interior? Los cristianos han hecho del infierno un paisaje arquetipo del terror. Nadie sabe si los lamentos y gemidos de aquellos personajes que nadan en lava y dan vida- ¿o muerte?- al inframundo son productos del placer y satisfacción plenos, efectos que también se producen cuando uno hace el amor. Cuando uno hace el amor se gime y se lamenta, y es lo más parecido a nadar en lava (supongo, nunca lo he hecho), y eso, señores, podría refutar la tesis de cualquier Papa fanático de literaturas epifanas. Al fin y al cabo son literaturas.


Silencio, para obtener la revelación del futuro y del mundo ultraterreno

El silencio, materia orgánica, esencial de las más bellas músicas, creo yo, es justo y necesario, siempre, inclusive para dárselas de Oráculo o de Dante.


Quietud, para conseguir…

…Control de los pensamientos


Ni estando quieto se puede. Ni cagando, señoras y señores (y sin la coma anterior también). Más que control, apelaría a un sano “convivir”, cosa de entender que más que complejos humanos, efectivamente, somos pensamiento.

Los pensamientos son incontrolablemente incontrolables. ¿Corregibles?: Tal vez; ¿Incorregibles?: los amigos.


…Ausencia de preocupaciones

Aquí llegamos al punto de escoger entre paz interior/ ausencia de preocupaciones/ ninguna de las anteriores/ todas juntas/ A y B son correctas/ no hay A y B/ como tampoco paz interior/ como tampoco la ausencia de preocupaciones/ todo lo contrario/ por algo usted lee/ por algo yo escribo/ hay de todo en la viña del Señor/ de la Señora también, obvio microbio/ preocupa el comentario público/ preocupa el colmenario púbico ese de la escritura barata y la opinión gratuita/ a mis cabros siempre les enseño el argumento/ para que diferencien entre bombo y caja/ entre plato y hit hat/ entre el discurso barato de un cin-cuentea-añero y un cincuentañero con discurso, barato/ la paz interior como búsqueda/ las preocupaciones como motor de la misma/La Ausencia/¡maldita sea La Ausencia!


…Sobriedad

¡Jajajajajajaja!, ¡ni Evagrio Póntico po’ loco!

viernes, 18 de marzo de 2016

Moral y Muerte

MORAL Y MUERTE

Antonio Baeza, E. B. (2016)


La moral mata. Digase esto a partir de la idea de que ella impide una deriva infructuosa en la que, sin planearlo ni lograrlo, tenemos esperanza y cierta probabilidad de encontrar "maestros", "amigos", "herramientas" o, sobre todo, "refugios". Pero, como en un cuento de horror europeo, donde el bosque es hogar de belleza pero también de peligros -se entiende en una cosmovisión que promueve la vida urbana hace siglos; capitalismo-, tales refugios, cabañas de madera que guarecen de la nieve de las inclemencias, deben ser abandonados luego de un rato. Si no, los lobos pueden localizarte. O los cazadores psicópatas. La muerte, en primer lugar. La mala locura, en segundo lugar y tal vez. Permanecer es mantenerse detectable. El criminal que es localizado por vía telefónica por los policías debe moverse para no ser arrestado. Y sí, la moral impide esta vital nomadía. La policía, de hecho, siempre usará nuestra quietud como ventaja para su búsqueda o su vigilancia. Toda policía: La uniformada y la que vive en alguna lujosa oficina dentro del despacho de nuestra mente.

Los oasis pueden convertirse, fácilmente, en oasis de horror. Según Roberto Bolaño, podrían tender hacia eso. Es lo que plantea a partir de leer la poesía francesa del siglo XIX, de un fragmento de Baudelaire. Una de las galas de tal movimiento literario consistía, precisamente, en pensar en lanzarse en la deriva que impide la moral. No sé si se lanzaron o, en realidad, lamentaron las nulas seguridades que eso ofrecía, las inexistentes promesas sólidas de encontrar algo que les agrade. Se abre una molesta conjetura: Si se busca agrado, se encuentra desagrado. Si se busca desagrado, se encuentra agrado. Si se encuentra lo que se busca, muere la poesía. Si no se encuentra ni se busca nada, logra vida eterna la hipocresía. Aunque no tengamos idea alguna de la identidad de lo que se busca, siempre se busca algo. Y no vengan con mentiras sin arte. Si van a mentir, inventen algo bueno.

Bueno, la búsqueda caótica es lo que la moral reprime. Por eso los artistas, los creadores, son perseguidos en las dictaduras y en todo régimen injusto, a pesar de que sean absolutamente inútiles con las armas, flácidos para agarrarse a combos, cobardes como gallinas ante las piedras, asegurados y hedonistas como quien busca mantenerse con vida para seguir siendo nómades en su actividad creadora. El cardenal y el dictador se unen, precisamente, en la moral, pues la búsqueda caótica es el impulso humano capital de liberación. Y si alguien le vende que logró en su ciudad o en su país tal liberación o, peor aún, "la" liberación, dele un palmetazo. Lo diré entre signos de exclamación: ¡La Liberación es Nómade! Y le puse mayúsculas para darle la mayor potencia posible. Se supone que son elementos de la escritura que tratan de simbolizar lo que uno, en la oralidad, gritaría o remarcaría. Lo diré ahora con un poco más de calma para seguir con el tema: La liberación es nómade. Si usted arma con otros una revolución en su país y vence al tirano, instalando un nuevo orden, lo felicitaré y lo admiraré. Pero usted ya no es ahí un libertador. Usted, junto con sus compañeros, lo fue. Y liberar a su pueblo no es quitarle su verdugo, es lograr que quieran derribarlo. La liberación ocurre cuando se abandona la moral, no cuando se funda una nueva. Cuando el ser humano es capaz de arrojarse a la acción sin mirar nada más que un horizonte, no importando incluso la vida, porque ella ya no es vida, sino que muerte lúcida. La liberación es abandonar, no conquistar. Es dejarlo todo por nada, renunciar a vivir para lograr vivir.

La moral es la supresión de la ética. Es un mandato que, en su existir mismo, implica suponer que sus súbditos carecen de todo criterio, bondad o, incluso, humanidad. Se trata del mandato que se exige a sí mismo cual si nada debiera darse a cambio, a reciprocidad. Sí, la palabra "reciprocidad" es necesaria en tiempos en que la expresión "a cambio" ha sido secuestrada por la boca del mercado y nos lleva a todos a concebir que todo "intercambio" es "comercio". La moral exige el cumplimiento del deber sólo por el deber, al estilo de la máxima kantiana. Exige la reacción correcta y castiga cualquier otra. Aunque el sistema de transportes de tu ciudad sea una mierda, debes pagar igual el pasaje. Será "moral" hacerlo. Será, por tanto, inmoral negarte a pagarlo. La ética liberada de la moral definirá si se paga o no el pasaje de acuerdo a su soberana consideración de la situación y, generalmente, el fenómeno ético es un encuentro, una serie o árbol de gestos que se responden unos a otros a partir de la valoración que ofrecen cada uno de ellos. No seria descabellado poner sobre la mesa una frase tan atrevida como la siguiente: Sólo sin moral hay justicia.

martes, 17 de febrero de 2015

Técnica y Tecnología

TÉCNICA Y TECNOLOGÍA

Extracto del libro La Apropiación del Intelecto (2015) de Antonio Baeza, E. B.


En contraposición a la técnica, sangre de lo industrial, hemos de mudar nuestra esperanza a la tecnología. La diferencia radica en la relación entre "persona" y "herramienta". La técnica implica la dictadura de la herramienta, que invade a la persona llevándole a convertirse en instrumento -a la usanza del cristianismo, recordémoslo- que es instrumento de otros, con la asunción de un falso criterio e intelecto que es considerado como "buen pensar". La tecnología, en cambio, tiene que ver con la producción humana de herramientas en cuanto herramientas. Se trata de la creación y puesta a disposición de otros de determinado objeto u operación que es útil para los propósitos, pero que permite un uso con apropiación por parte de las personas, entregando alternativas para el uso libre del criterio en su aplicación en una u otra tarea. En las escuelas, por ejemplo, vemos como los cuadernos empiezan el año dedicados a la técnica y luego, con los dibujos, los garabatos o los bocetos de ideas, pasan a operar como tecnología. Un computador puede pasar por algo similar. En general, los objetos pueden tomar carácter técnico o tecnológico de acuerdo a los principios, medios y fines que atraviesen su uso.

Ni siquiera es necesaria la técnica para producir tecnología, como muchos pudieran pensar rápidamente. No debe confundirse, de hecho, la técnica con el trabajo colectivo, dado que éste no ha de darse sólo de un modo alienado y bajo la herramienta dictadora. El trabajo, dentro de lo cual está el estudio, es transformación de la naturaleza -en cuanto lo dado- en colectivo y, en ese sentido, es un acuerdo. En una sociedad liberada, tales acuerdos mediante los cuales se producen los medios que necesitamos para subsistir y crear debieran darse entre intelectos apropiados que no sean herramienta de nadie, sino que artesanos que usan herramientas y, ante todo, deciden con propiedad el modo de usarlas. Al final, la técnica y la tecnología, así como la industria y el taller, se diferencian en un aspecto capital: La democratización de la decisión acerca de los modos.

Lo anterior abre el camino de ideas respecto a cómo favorecer, colectivamente, que los intelectos, en su formación, vayan ejerciendo su apropiación. Es de especial interés lo que ocurre en los lugares tradicionalmente considerados "educativos", como las escuelas o los colosos académicos, en cuanto se trata de posibles templos de emancipación intelectual que desaprovechan flagrantemente su potencial entregándose a la técnica y llevando a que quienes allí participan se subordinen al espacio, en vez de dar rienda suelta a las transformaciones que allí podrían realizar, conquistar el espacio para el uso creativo y apropiado de tecnologías -donde un hito sublime será la creación de nuevas tecnologías sin uso de la técnica- y, ante todo, propiciar un lugar de bienestar, buen trato y liberación, dejando fuera la opresión.


viernes, 13 de febrero de 2015

La Academia como Industria, un extracto

LA ACADEMIA COMO INDUSTRIA

Extracto del libro La Apropiación del Intelecto (2015) de Antonio Baeza, E. B. 


Se trata, probablemente, de la manifestación más explícita del acaparamiento de la licencia para ejercer el intelecto, dado que allí, en la Academia, convergen tanto los investigadores e intelectuales -propiamente llamados "académicos"- que cuentan con una certificación valorada oficialmente como, sobre todo, los modos en que se investiga y se llega a determinadas conclusiones. Es un lugar que se declara 'residencia' del saber, alegando y haciendo privada la legitimidad que el espacio dentro de sus propias paredes -materiales y simbólicas- tiene y "debe tener" respecto a la acción misma de plantear explicaciones, conclusiones y modos de actuar. Se ha llegado a considerar, incluso, en el silencio ruidoso de lo tácito, que un planteamiento respecto a determinado tema sòlo tendrà validez en cuanto se acerque a los modos de la Academia y sea aceptado por ella. Y ser "aceptado por la Academia" no es sino ser aceptado por una red de personas -y no tanto una red de prácticas, como en el caso del Estado- quienes, habiendo pasado el proceso de postulaciòn a la aceptación anteriormente -generalmente, dedicados a agradar al académico que les dará la entrada a tal espacio, servilmente, pasando las penas del infierno si fuese necesario-, adoptan luego el papel de jueces reguladores del acceso a lo que opera, prácticamente, como un club secreto o una logia. No es extraño que la masonería maneje importantes nichos académicos como, por ejemplo, la Universidad de Chile, ya sea porque los modos de la Academia se acoplen muy bien a los suyos o, incluso, porque la masonería misma haya contribuido a formar Academia durante varios siglos.


Es muy común escuchar que "la Academia produce conocimiento". Se asume, de manera inmediata, su carácter de industria, aunque el producto ha de discutirse, pues no podemos estar seguros de que, en primer lugar, sea "conocimiento" lo que se produce y, en segundo lugar, que el "conocimiento" pueda ser "producido". La imagen de la 'fuente del conocimiento', descrita al inicio del libro, es una ilusiòn clave en la des-apropiación, promotora de la idea de que el "conocimiento" -que se distingue de "conocer" al ser expresado como objeto y no como acción- puede hallarse 'situado'. De hecho, lo que la Academia llama "conocimiento" es, precisamente, un conjunto de objetos que sì son producidos a escala industrial y con obtusos "controles de calidad". Esos objetos son los estudios, sean artìculos, papers, ponencias o libros que cobran existencia a partir de la utilidad que el conglomerado institucional -Estado, mercado y otros- puede evaluar y obtener de ellos. Lo que se financiará y/o patrocinará -porque no se necesita sólo fondos de dinero, sino que la aprobación de las personas de la Academia- para poder ser estudiado no nace, necesariamente, de la curiosidad pura de quien investiga; de hecho, es aquella curiosidad la que se ve obligada a acoplarse a las opciones disponibles a ser financiadas y/o patrocinadas. La Academia produce estudios, pero a encargo del conglomerado institucional. Por eso es tan comùn ver grandiosas facultades de economía, de ingeniería y de derecho, así como lujosas y taquilleras consultoras privadas dedicadas a tales temas. Les siguen salud -un lucrativo negocio- y el sector silvoagropecuario, con educaciòn algo màs abajo. Las inversiones en filosofìa, humanidades o arte, bajísimas aunque existentes, parecieran ser el pretexto que permite negar, infructuosamente, tal encargo.

No resulta tan sorprendente afirmar que la Academia es una industria altamente jerarquizada, incluso llegando a volver cotidiano el uso de los grados académicos cual títulos de nobleza. Lo especialmente crítico es el modo de valoración y distinción que este sistema propone a las sociedades, pues promueve un hábito sostenido de asignar valores asimétricos a las personas de acuerdo a su certificación educacional. Su acaparamiento de la licencia para ejercer el intelecto, con la consecuente des-apropiación en la población, ha llegado a tal nivel de penetración y violación del sentido común que se ha vuelto tradicional que las mismas personas fuera de la Academia, en el vivir diario, miran bien al "profesional" y mucho mejor al "magìster" o al "doctor", mientras ya desprecian un poco al "técnico", más al que "llegó sólo" a terminar la educación secundaria y, finalmente, sienten lástima por quien "no terminó el colegio", erigido como "deber básico" de un ser "civilizado". Muchos suelen, además, ubicar su caso personal en esta escala y asignarse valor de acuerdo a ello. Se trata de un auténtico "fascismo academicista", usado muchas veces para ofender a otros humanos o grupos. Es un conjunto de ladrillos disponibles para armar una pared de prejuicios que, al provenir de la nodriza Academia, se vuelven incuestionables. 

El carácter de industria de la Academia es tan categórico que, incluso, se llega a validar y justificar acciones y modos que corrompen el “amor al saber” declarado. Escritores fantasmas que, inexplicablemente, publican 100 artículos científicos en un año -frecuentemente relacionados con laboratorios farmacéuticos u otras áreas de extremo poder económico- o oscuras mafias y rencillas que suelen darse dentro de las facultades de universidades públicas. Una constante guerra por la notoriedad y un apego soberbio a las propias ideas como defensa ansiosa de un ego enaltecido por la posición alcanzada dentro de la vorágine jerarquizada. Lo curioso es que, sobre todo desde los espacios académicos dedicados a las humanidades y las “ciencias sociales”, se despachan altas críticas a la nube de aspectos que describen y rigen lo empresarial y corporativo. 

 Más allá de lo que se corrompe, es preciso abordar aquello que sí es reconocido y jamás cuestionado. No es del interés de este libro proponer una “reparación” de la Academia, dado que los aspectos críticos no corresponden a lo que se ha “desviado” del “espíritu académico” -más allá de que sí es necesario mencionarlo como fenómeno propio de lo industrial- sino que a los principios, fundamentos y prácticas capitales. La Academia, en sí misma, nace a partir de la distinción, selección, separación y asunción de una elite intelectual. En lo respectivo a la apropiación del intelecto, es la entidad que la combate de manera más directa y explícita, aunque sin la minuciosidad de la Escuela ni el peso del Estado. El distintivo de opresión de la Academia es, en particular, la pretensión de verdad. Por ello, lo que nos oprime no son sus heridas, sino que su sangre misma. La técnica tiene también un papel central aquí, aunque la instrumentalización es de carácter más cíclico que en el Estado, donde se da de manera vertical. En la Academia, la persona se vuelve herramienta de nadie en particular, asumiendo ello, más bien, como requisito para ser considerado parte y miembro digno. Sí, hay encargo del conglomerado industrial, pero el académico no se vuelve herramienta directa de quien contrata los servicios académicos. Su método responde a la necesidad de ser validado en el espacio interno de la Academia. Si extrapolamos esto a una red, observaremos una trama de validaciones y desprecios cuya ley de referencia es la técnica y que responden a una espiral donde la Academia se esfuerza por convencerse a sí misma sobre sí misma por medio de la uniformidad de métodos y la valoración asimétrica entre distintas certificaciones. Es una burbuja que, sin embargo, contagia a las sociedades su amor por la consideración desigual de las personas y las ideas.

lunes, 9 de febrero de 2015

Sobre Miedo, Escuela, Jerarquía y Normalización

SOBRE MIEDO, ESCUELA, JERARQUÍA Y NORMALIZACIÓN

Extracto del ensayo "Trabajadores Escolares: Un Sistema de Castas" (2015) de Antonio Baeza H.

La escuela alberga miedos que pueden ser abordados y vencidos a partir de una voluntad de apropiación. Dentro de tales miedos, uno capital es el temor al "caos social" a partir de la "ausencia de normas". Muchas veces, las profesoras y profesores creen que tanto la imposición como la necesidad de diferenciación asimétrica -o establecimiento de status, si se prefiere- serìan cruciales en el educar, en tanto se estaría "normando" al niño "salvaje", enseñàndole a "aceptar que el mundo se mueve así", contribuyendo a naturalizar el establecimiento forzoso de una jerarquía no dotada del suficiente sentido. 

No tiene que ver, en general, con una mala intención en el docente sino que, màs bien, con un miedo que tiene una actitud de sobrevivencia, por un lado, asì como de ética, por el otro. En el primer caso, la carga excesiva y deshumanizante de trabajo y la relativamente baja -recálquese el carácter relativo- retribución monetaria y honorífica respecto a otros oficios que requieren una certificación de similares años de estudio en instituciones acadèmicas formales llevan a una percepción de que la diferenciación asimétrica frente a los otros trabajadores de la escuela consistirìa en un modo adecuado de dignificación. Eso se ve especialmente potenciado en una sociedad donde la educación -entendida como "escolarización" e "institucionalización"- alberga promesas de mejor salario y no mucho más, bastante vacía de horizontes intelectuales o de realización. En el segundo caso, el docente se ve enfrentado al deber de no ser negligente en cuanto a la preparaciòn del estudiante para su sobrevivencia en su sociedad, en una especie de escenario estático que vive en el imaginario del profesor y que es base para càlculos y operaciones universales, que servirìan "para toda época". Dicho de otro modo, en romántica fidelidad a su deber de "enseñar", el docente se siente imposibilitado de abstenerse de entrenar al aprendiz para moverse con cierta seguridad en el mundo "cómo-es" y "cómo-siempre-será". 

Tanto la dominación que el Estado, el conglomerado mercantil y las mafias realizan usando como medio la misma institución que desemboca en la escuela, así como la dominación que ocurre más allá de tal espacio, fuera de los muros escolares, "a la intemperie", instalan el miedo, cristalizan con él la percepción de futura invariabilidad y facilitan la reproducción -o, al menos, la voluntad de reproducción por parte de la generación adulta- de ambos sentimientos-pensamientos mediante la enseñanza. Frente a esto, es necesario que quienes aman ejercer la enseñanza y lo hacen con buenas intenciones abandonen toda esperanza en la escuela, transformando el espacio fìsico que actualmente es llamado así en un Taller, donde se eduque sin miedo. Y ciertamente, uno de los miedos que ha de vencerse primero es el que se tiene a la pérdida de control y de coerción respecto al desarrollo de un ser que aprende.

jueves, 29 de enero de 2015

Crìtica contra la des-apropiación del Arte

CRÍTICA CONTRA LA DES-APROPIACIÓN DEL ARTE

Antonio Baeza, E. B. (2015)


"Quizá sea preferible hablar de "lo genuino" en vez de "la calidad". Asimismo, puede que sea mejor hablar de "expresión" que de "cultura". Ambos, "calidad" y "cultura", son palabras con olor a des-apropiación, a verticalidad y -lo que resulta particularmente trágico- a normalización. Mucho se alega de que Chile "debiera culturizarse", que a uno u otro pueblo de provincia "le falta cultura" y que cierto artista tiene "más calidad" que otro. Al grito más puro del alma se le asignan rotulados técnicos y escalas de valoración en base al tiempo o nivel de adoctrinamiento. A partir de eso, mucha gente empezò a creer y a evangelizar la idea de que existe una fuente en la cual la tècnica "vuelve válido" el arte. Luego, se ha llegado a considerar que es necesario "llevar el arte" a los lugares donde "no está"". 

"Debe ser bonito estudiar el arte, sumergirse en su comprensión, ya sea en alguna institución o de manera independiente. Conocer manifestaciones de distintos lugares y épocas, así como revisar argumentos al respecto. Pero la idea es que ese esfuerzo no mate nuestra posibilidad de valorar también ese arte no reconocido como tal, mayoritario, que aparece inesperadamente en todos lados, en lo que los academicistas llaman "amateur" y que yo propongo considerar como "independencia". La "materia oscura" del universo del arte, compuesto de partículas de dibujantes que suben sus trabajos a deviantart, de estudiantes de media que piden espacio en su comuna o pueblo para presentar sus creaciones musicales, de escritores de cuentos que publican en blogs o venden libros anillados en tamaño carta o de sufridas compañías de teatro independiente, entre miles más. Ese arte al que la palabra "calidad" le hace el quite pero que es especial muestra de "lo genuino". Que debe pelear para ser considerado como "cultura", pero que es, inevitablemente, expresión".

"La cultura no emerge en la erudición, sino que en el ejercicio colectivo de la humanidad".

miércoles, 28 de enero de 2015

Profecía I

PROFECÍA I

Extracto del libro La Apropiación del Intelecto de Antonio Baeza, E. B. (2015)


"En 2040, la educación será gratuita y de calidad, habrá derecho genuino a huelga, el sueldo mínimo será más alto respecto al costo de vida, el autocultivo legal, los derechos sexuales y reproductivos serán plenamente respetados y, en general, las generaciones que actualmente imperan habrán desaparecido y será la nuestra la que dominará el país. Sin embargo, la pobreza y la injusticia seguirán estando. El Wallmapu seguirá bajo el dominio de agricultores chilenos y alemanes. Los locos y otros disidentes mentales seguirán siendo considerados "enfermos" o "con déficit". La generación siguiente a la nuestra, actuales guaguas, fetos o futuros, se dará cuenta de que habrá que luchar por la auto-educación, la emancipación intelectual y la organización de la vida en unidades pequeñas y autónomas. Los que ahora "conducen" el movimiento social serán los que ese año nos opriman, los que defenderán la potestad del Estado, la incuestionabilidad de la Academia, la idea -por esos años ya añeja- de que la escuela es esperanza de cambio social. Espero ser un viejo lo suficientemente consciente cuando eso pase, para unirme a las actuales guaguas y no dejarme llevar por el río de mis coetáneos. Ya lo dijo un pergamino que data de miles de años, no recuerdo de qué civilización: "Los jóvenes son una generación perdida". Por lo visto, los "maduros" siempre creen que la generación siguiente va a acabar con todo. Parece que es un ciclo"