sábado, 9 de septiembre de 2017

Agazapado

AGAZAPADO

Antonio Baeza H., E. B., 2017. 



Suelo estar consciente de la posibilidad de la tragedia /
hace algunos años que no confío mucho
en los caprichos del destino /
permanezco agazapado, quizás para garantizarme
en una suerte de bizarra superstición
que nada malo se está incubando
que ninguna desgracia prepara su ocurrir
pues he visto la crueldad del devenir
abofetear y torturar el alma de la gente
y, honrando mis ayeres cristianos,
amando al prójimo como a mí mismo
no puedo sino ser suspicaz con el Universo
que no es una madre de amor infinito
ni una onda maestra que mueve los hilos
del bienestar y la bonanza, el sueño y el logro;
En el Universo viven los asesinos
los dictadores, los insensibles, las bombas
se trata de una cancha con césped y piedra
que palpita con severidad el pulso del Infierno
donde los credos acogen y también matan
donde las ciencias sanan y también exterminan /

Permanezco en tensa calma respecto a la suerte
ruego constantemente por mis seres queridos
rogando quizás a la nada, amando y cuidando
en busca constante y sin tregua de ese punto
esa posición diplmática que ha de ser dinámica
una neutralidad que no declare guerra ni paz
ni que promueva un pesimismo existencial/
Soy optimista del curso imparable del tiempo
pero no del devenir que fluye por su curso
mis carpas las instalo en el temple colectivo
en los símbolos que nutren nuestras banderas
en el amor que no exige utopías ni manías
en los gestos, en los versos
en tu alma y en la mía

miércoles, 26 de julio de 2017

La Peor Estación del Mundo

LA PEOR ESTACIÓN DEL MUNDO

José Ángel Hogas, E. B., 2017.



La peor estación del mundo Tenía trenes
Tenía campanas
Tenía niños tocando la campana
Tenía un jefe de estación
Tenía gente parada en los andenes,
Tenía vagabundos
Tenía vendedores de helados
Pan amasado,
Shorteros,
Guardias,
pacos,
Carruncheros,
 Liebres,
Mini buses,
Alguien que siempre te ayudaba a subir…

La peor estación del mundo
Es al fin del mundo
Y siempre hay alguien que te ayuda a subir,
Pasa el tren por la mañana A esa hora de las 12:00
Cuando pasan de vuelta Los cazadores con los perros.

Debe ser el día de la plaza Porque hay pic-nic
Y los manteles en el pasto,
Cubren de tomates y ají los platos,
Tiran la talla y se ríen,
Hablan de una manda a san Sebastián.

La peor estación del mundo Queda al sur del mundo
Y no hay nadie que vuelva a tomarla
Porque es lunes, porque es martes
O porque es hábil volver a recordarla
Como una estación de trenes muertos,
Viaja solo la memoria de unos tres o cuatro Que partieron.

La peor estación del mundo Tiene una sala de espera
Donde hay niños preguntándole a sus padres
A qué hora pasa el tren,
Si es verdad que es largo y pitea Como en los documentales,
Que cuantos carros trae,
Si  se le puede poner una moneda para aplanarla.

En la peor estación del mundo
Siempre se puede ver a jubilados tomando el fresco,
Hablando de vidas atrás,
De años atrás,
De los que no han visto hace tiempo
Porque ningún tren ha pasado.

Debes ir de prisa a la peor estación del mundo,
A veces pasan las horas y no hay nadie con quien contarse chistes,
Dicen que hay colas,
Que hay grupos enteros perdidos en el alcohol,
Depresivos, maniáticos, nostálgicos…

En la peor estación del mundo
Siempre hay alguien que cuida del otro
Y se dan la mano.
Es de buena vecindad
Los que te silban,
Los que te saludan por el sobre nombre
Y los que hablan solos…

Debes amarla
Solo así se llega a la peor estación del mundo.
Bienvenidos.

lunes, 24 de julio de 2017

Evento con Sospecha de Poesía

EVENTO CON SOSPECHA DE POESÍA

Antonio Baeza Henríquez, E. B., 2017.



Buen momento para escribir / en los recreos de la prole
para refrescar un rato el hálito tibio del manso recuerdo
y no siempre las palabras vienen como salmones en río generoso;
Es un mito, una infame mentira / eso de que "escribo y escribo";
Hallar una palabra es encontrar una pepita de oro en el cemento;
hay que recluirse en largos o cortos autoexilios camuflados;
el mundo, a veces, molesta / y es bueno, a veces, reducirlo a mero fondo
como un escenario de juego de estrategia de computador de la década del 2000
donde somos aldeanos construyendo castillos de poemas irresueltos
irresueltos, ay, sí / allá va verde esperanza / enfermos de cueca
abrieron nuestros anos y nos metieron chamantos y espuelas
una musicalidad que es sangüijuela chupa ritmos y esencias


/impromptu

Déjáte llevar por tíldés mál puestás y toda la mierda de idioma que nos ocupa como cable / se transpone y transviste; No me juzgues, no me falles, no me implica el brasero de una amarga flor insurrecta en el caviar de sus arcos frenesí / no me calza el amable gen de lus suplicios asintóticos
y un perro llora afuera, mierda, me obliga a escribir "asintóticos"en un cuaderno cuadriculado que relleno con estos versos o no-versos con una obsesión y cuadratura propia de algún esquizofrénico atiborrado en las huestes radicales de los mojones mal tiranizados en el ser ardiente de los troncos blues.

Viva Santa María de las Cañas Acrobáticas de Teno Sur
Viva San Martín de Porres, idolatrado por ancianos meñiques
No me delaten en esta acurrucada y violenta sangre
No me coloquen dinamita en la uretra, eso es el colmo
Dionisio vuelve a aparecer, la Bruma Máxima lo corroe
Nemesio Antúnez, Los Prisioneros y el Muñeco Tatín
El picaporte mal habido por fantasmas herejes del norte
La blusa que jamás lloró ni habló en rejas fascinadas
Redes en rombos que sostienen temblores ferrosos de tinta


/eje

No mi bien recuerdo cuando las palabras llegaron a mí
No mi bien distingo si salieron, si entraron o si sólo yo las oigo
Los reflejos poco claros de mi figura escritural visual me acompañan
en el lomo de un computador o el azul pobre de una mesa de colegio
Me duele el brazo, el antebrazo, la mano y la muñeca ya;
es como una paja a mano derecha del falo de la mente
y tengo 45 minutos, mierda, 45 minutos y hasta menos
una cifra incierta y algo infinita sin un reloj cerca
y haré, a continuación, el ejercicio de describir dónde estoy:

Una inmensa y fría sala de clases de cemento que sólo yo uso;
reminiscencias de quienes ocuparon antes aquí cuelgan de las paredes
Hoy ordené once pupitres de forma trapezoide, quizás obra de Frei
o, quizás, obra de Lagos, no sé, diseños progresistas de pupitres
que se unen de a seis y forman un hexágono, para trabajar en grupos
ideas de algún ser humano que se hizo rico, seguramente
con una idea buena que se transforma en mala en río del ocurrir
Igual, yo las puse mirando hacia adelante, violando su espíritu
Vivan las aulas tradicionales donde el tema es la belleza del ser
Viva ese público expectante por el bufón de turno que despliega su sátira
Viva ese escenario inconsciente de sí, homenaje a lo performativo
No es opresión ni el diseño ni la idea; es opresión la ilusión de lo contrario
Y la escuela no es desarrollo, es un circo 
y sólo los acróbatas que saluden a la muerte serán aplaudidos

Yo, en cambio, estoy sentado en un escritorio algo improvisado
compuesto por cuatro mesas residuales rectangulares clásicas
que arman una mesa más grande y más útil para conversar
no en un cìrculo forzado y endiosado sino de frente, duro
Y miro hacia afuera, a mi izquierda, por una ventana que mira hacia una cancha
de reja cuadriculada, cuaderno de mi experiencia, árboles caducos
crisol de cercos de color amarillo, verde, negro y bello óxido
unos paños y unas bolsas que cuelgan extraviados y pacientes
pedazos de ráfagas de pasados que impregnan el viento con el que ondean/

Toca el timbre, a comer, cierro cuaderno, coitus interruptus/

domingo, 14 de mayo de 2017

Pre-Abducción

PRE-ABDUCCIÓN

Antonio Baeza, E. B., 2017. 


El bosque del oscuro turno;
la muerte que espera acostada;
la vida que viola los límites
impuestos por las hadas geógrafas
de este valle poco denso de plazas
en donde ellas pudieran posarse
en donde el otoño parece acoplarse
como imagen en cuanto fusión 
en los colores altivos de Lo Monte; 
sin lugar a certezas es su horizonte;
tememos el rayo que fulmina

Ir a dar una vuelta por cuatro minutos
y regresar ochenta años después;
ver a los hoy niños, ancianos
ver a los hoy amados, tumbas;
es el riesgo que corre el bandido
en la ventana elquiana al Universo
en el pasillo de entrada de los verdes
en la bifurcación de los tranvías místicos
en amargas posadas do cuelga cabrito
en lo visceral desbordado tibio y perenne
en el brillo parcial del tronco atardecido
en las cervezas bañadas en corriente

No nos lleven, tenemos que hacer
en este planeta de hilos de emociones;
Vengan, en cambio, con naves
cargadas de evolución en Lo Mente
que cuenten con tecnologías finas
para apartar a mi especie del hambre
para curar a quien llore a cantares;
que los orates destruyan sus jaulas
que el oro y la comida desborden
en cada una de las aldeas vecinas
y en las otras que brillan más allá
en todas las aldeas del planeta
¡Traigan aquella abundancia infinita!
que podamos conseguirla sin costos
sin que se boten tantos árboles
sin esclavitud, sin ninguneo;
que se nos embargue todo
para regalarnos todo
en una piscina de barro global
donde se revuelquen perversiones
y do haga diplomacia Lo Humano

No nos lleven
Traigan algo más 
Nosotros ponemos la casa

miércoles, 10 de mayo de 2017

Gerión

GERIÓN

Gastón Gómez E. B., Extracto del libro HÁBITAT (2017), Editorial Bestia.


Ahora soy yo
quien monta a Gerión a lapas
y lo conduce a contemplar
lo que ningún demonio ha visto en tierra.

Miles de millones de humanos
habitan esferas
teñidas a priori
entre cinismo y democracia.

Humanamente amable
le ofrecí dar un paseo por nuestro mundo
para contemplar lo desconocido
mas de lo que sólo podría ocasionar el hombre
la bestia se encandiló.

Con el coraje con que un discípulo
jamás desobedecería a su maestro
continuó el viaje observando ciego
cual ojos de un demonio en sutura
mientras con sonrisa resignada
lo miraba en silencio pensando:
entre demonios y humanos
la diferencia es nula.

Ya te puedes bajar, le dije,

¿es que acaso tampoco quieres?

martes, 9 de mayo de 2017

Cuando el Cuerpo no apaga lo que el Alma enciende


CUANDO EL CUERPO NO APÀGA LO QUE EL ALMA ENCIENDE

Gastón Gómez, E. B., 2016.



el peso del sueño te golpea
y se te caen los ojos a pedazos
como los sucios rotos vasos
de aquella noche infame.

Cuando el cuerpo no apaga
lo que el alma enciende
entonces uno arde.
Caminas por el trapecio de la vida
que como mecha encendida de dinamita
en lento finiquito se consume.

Cuando el cuerpo no apaga
lo que el alma enciende
cada beso es un rifle en mi boca
en dirección al poniente;
cada gesto un soplo que enardece
brasas, tripas, úlceras, molleras.

Cuando el cuerpo no apaga
lo que el alma enciende
respecto del sol
es imposible cavilar comparaciones:
el sol con suerte calienta;
el sol jamás enciende.

Cuando el cuerpo no apaga
lo que el alma enciende
jugando a ser bomberos los poetas se divierten.

·       



sábado, 6 de mayo de 2017

Buscando Sombras en la Hoguera

BUSCANDO SOMBRAS EN LA HOGUERA

Gastón Gómez, E. B. (2015). Publicado originalmente para la página esradio.cl



Se me ofreció la responsable -hago hincapié en el adjetivo- tarea de escribir un artículo. La sugerencia es amplia si se trata de escribir a diestra y siniestra sin un norte claro, como comúnmente se hace en esta neblina de paisaje llamada “Chile”. Por supuesto acepté. Un primer artículo: ¿que diga qué?, ¿que nuestro país está mal?, ¿que las guerras nos inundan?, ¿que la cultura acá es financiada por y para castas de estatus que NO necesariamente lo necesitan?, ¿que el obrero promedio chileno de 24 horas trabaja 14, almuerza en 1, y el resto las debe administrar sagrada y mágicamente en su familia, quehaceres domésticos, dormir, comer, cagar, follar y crear (si es que el tiempo, “esa condición irreversible y unidireccional” como dice Borges, lo permite)?, ¿que vamos de mal en peor?

Sin duda alguna todo lo anteriormente dicho es irrefutable, más me interesa centrar este breve análisis en LA posibilidad de sombra y frescura que nos podemos permitir en una hoguera como esta. Cuando un bosque es incinerado a propósito por manos nefastas humanas de inmediato lo primero que pensamos es en apagar semejante incendio, a ratos queriendo tapar el sol con un dedo, en lo posible meñique y de guagua. Vivimos en una ensoñación que más que sueño, en todo momento se torna pesadilla. Lemebel bien lo dice en su cuento Chile Mar y Cueca: “Una chilenidad chorreada en el almíbar de abeja, que se etiqueta como ‘dulce patria’ o mermelada nacional” Nuestra generación actual aún sufre los síntomas de la dictadura. Aún existen “jóvenes” que avalan y defienden los ideales corruptos e infames que llevó a nuestra “dulce patria” a lo que hoy en día es: una hoguera en donde miles de asfixiados buscamos sombra. Jóvenes con edad de ellos pero con una mentalidad de anciano no sabio, olvidadizo, con Alzheimer autoinducido. Efectivamente ese es el germen que a tanto cogeneracional afecta: una abrupta pérdida voluntaria de memoria. Una real idiotez, refiriéndonos a la etimología de la palabra “idiota” que deriva del griego “idiotes” y que se refiere a las personas que no se preocupa de los asuntos públicos, sino sólo de sus intereses privados. El prefijo “idio” hace referencia a lo propio. ¿Idio-ma?, ¿idio-sincracia?, ¿Ideo-logía?, ¿Iden-tidad?, ¿las tenemos?, en Chile ¿tenemos algo propio, siendo que las transnacionales gringas y europeas, las famosas 7 familias, y el criollo aburguesado nos vacunó con la bacteria asesina del capitalismo exacerbado, este?

No todo el balance es majadero ni mucho menos negativo. Todo lo contrario. Lo que nuestra actual generación sí tiene de sobra- y esto lo escribo con suma responsabilidad- es la capacidad receptiva y crítica de darnos cuenta de nuestras propias carencias. Esa capacidad de autocrítica que a nuestros padres y abuelos a ratos tanta falta les hizo. Todo esto sazonado con los aliños únicos que nace de las fauces de la juventud: valentía y rebeldía. Y soy optimista al pensar que en eso estamos, buscando la más aliviante sombra dentro de una hoguera infernal, acurrucándonos bajo El árbol que nos puede ofrendar el mejor de los regazos: el árbol del amor.

Así es estimad(a) lector(a). Si todos nuestros actos lo ejecutáramos con la cuota mínima de amor que nuestro país y el mundo, en su dimensión global, necesita, créanme echaríamos raíces firmes y crecerían más árboles de esos que necesitamos, como alguna vez crecieron fértiles y milenarios en mis tierras, Concepción, VIII región del Bio-Bío, al punto de crear desapercibidos y conscientes un bosque que haya consumido está hoguera que, viéndola desde un punto de vista radical, no es más que un cúmulo incómodo de cenizas débiles que se niegan a morir.

Chile apagará esta hoguera, de lo contrario, arderemos a lo bonzo en ella.

Amor es acción, palabras son palabras